Diario de un viaje a México: De tequilazo

Un lindo mural dedicado al agave en el pueblo de Tequila, Jalisco

Jalisco es la cuna del mariachi, y por supuesto, del tequila. Aunque no teníamos demasiadas ganas de ir a Tequila, el pueblo que lleva el nombre del famoso traguito, nuestro compa nos convenció de ir y de paso hacer una escala en otro lugar que nos llamaba más la atención: el sitio arqueológico de Guachimontones. Emprendimos entonces un mini road trip lleno de paisajes bonitos por el estado del ágave y las rancheras.

¿Guachi…qué?

Edwin y su hermano pasaron por nosotros al hotel y de ahí nos esperaban un par de horas de camino hasta un sitio arqueologico no tan conocido para los extranjeros, pero bastante visitado por la gente del estado. Su nombre? Guachimontones.

Guachimontones es pequeño, pero esta fuera del circuito turístico tradicional.

Yo en lo personal no sabía que existían sitios arqueológicos importantes en esta zona de México, así que fue un descubrimiento grato. La zona arqueológica está en una pequeña montaña, siguiendo para arriba de la población de Teuchitlán. No es un sitio monumental como Teotihuacán o Chichén Itzá, pero ciertamente tiene lo suyo.

Primero hay un centro de visitantes, muy bien documentado y organizado, donde se puede aprender más de la cultura que habitó estas tierras. Está decorado con murales súper súper chivas y el día que llegamos estaban preparando el altar del Día de Muertos, entonces tuvimos chance de ver como armaban las alfombras de aserrín de colores.

De ahí, se deben caminar como unos 300 metros cuesta arriba para llegar a la zona arqueologica propiamente. Si van bajo el sol, se vuelve cansadito, pero la recompensar al llegar arriba es buena: se van a topar unas estructuras piramidales pero con forma circular, muy locas e interesantes.

El sitio está ubicado en una loma, entonces tiene una vista bonita del pueblo y de la presa de La Vega. Detrás, se alza el volcán de Tequila. Atrás del volcán, está el famoso pueblo. Aunque el lugar es pequeño y se recorre en unas dos horas máximo, lo bonito es que es muy tranquilo y no hay aglomeraciones de gente entonces uno puede tomarse su tiempo para tomar fotos y caminar entre la naturaleza.

A la venida pasamos a un restaurante pequeño donde vendían pulque. A la subida lo habíamos visto y yo siempre tuve curiosidad de que ver que era la famosa bebida. El pulque es básicamente una bebida fermentada a base de maíz, lo que nosotros conocemos como una chicha. En México hacen “curaditos”, que es el pulque mezclado con jugos de fruta. Nosotros probamos de fresa, mango y coco y estaban deliciosos, pero hay que tener cuidado porque 1) Al ser dulcitos y refrescantes uno puede tomar más de la cuenta y se le pueden subir a la cabeza 2)Porque sustentan un montón, así que si lleva hambre es posible que se le calme un poco luego de mandarse un pulque.

Papantla, tus hijos vuelan

Desde Teuchitlán a Tequila nos llevamos una hora y media de recorrido. Ya el sol comenzaba a bajar, pero aún hacía calor. La promesa de nuestros amigos era que nos tomáramos un “cantarito” de tequila ¿Y qué es un cantarito? En teoría es un cóctel inventado en Jalisco, que consta de un jarrito de barro lleno de hielo, jugo de naranja o limón, refresco de toronja y su buen chorro de tequila. El secreto es el jarrito de barro, si no ¡no es lo mismo!

El lugar más tradicional para tomarse un cantarito es donde”El Guero”, que en teoría comenzó siendo un changarro y es ahora una parada obligatoria para todos los turistas que visitan la zona. Pasamos pero estaba taaaaaan lleno, que mejor seguimos directo al pueblo atravesando el paisaje agavero.

“¿Pasamos por algo para picar? Mira, eso que vende ese señor son camotes de cerro”

Detuvimos el carro justo al lado de un pequeño puestito al lado de la carretera. Ahí, un señor muy amable vendía una especie de tubérculo pequeño, cortado en lonjas y arreglado con chile y limón. En Costa Rica vendria a ser algo parecido al ñampí o ñame, pero allá son los famosos camotes de cerro.

Unos 20 minutos más tarde, llegamos a Tequila. Estaba muy lleno de gente por ser fin de semana, pero por eso mismo había un ambiente bastante festivo. Anduvimos una rato por la plaza, nos metimos a la iglesia, visitamos una pequeña feria de artesanías, estábamos ahí “chilling” cuando topamos de frente con el palo de los voladores.

Aunque la práctica es mas original de los estados de Veracruz y Puebla, se dice que también en los estados del occidente mexicano hay evidencia de que el rito se hacía en tiempos prehispánicos. Para quien no lo haya visto, básicamente el rito consiste en un baile alrededor de un poste muy alto, unos 10 metros por lo menos, al ritmo de una ocarina. Posteriormente el grupo de voladores trepa por el poste, bailan encima de una miniplataforma en la punta (no se como no se caen!) al ritmo de la música y mientras tanto se amarren de los pies a una cuerda. En un determinado momento se acuclillan y empiezan a bajar suspendidos en el aire, sólo sujetados por la cuerda que tienen amarrada al pie.

Va a sonarles ridículo, porque al final es algo que estos voladores hacen por negocio, pero a mí me conmovió. Ver que algo tan ancestral, tan sagrado, tan original aún sobreviva en estos tiempos me parece extraordinario. Más cuando uno viene de un país donde toda esa herencia la han querido borrar a toda costa (aunque el gobierno diga que no). Entonces me da como ese orgullo ajeno por México, que aunque tiene sus múltiples despelotes, al menos en ese sentido los admiro mucho.

En la plaza del pueblo nos tomamos los cantaritos y dejenme decirle que SÍ valen la pena, refrescan un montón y saben rico. Luego pasamos al mercado a atracarnos con tacos de suadero, lengua, pastor.

Curiosamente, no visitamos ni una sola tequilera,

Ojo al Cristo

¿Recomiendo Tequila? Pues…sí, es divertida la vuelta. No obstante es tremendamente turístico, entonces si no son amigos de las multitudes mejor no se arrimen. Con decirles que nosotros al final ni fuimos a los tours porque aparte de caros eran súper comerciales, y como que nos dio hueva. Aún así, una visita rápida desde Guadalajara basta.

Y con este viajecito concluyó Jalisco, porque al día siguiente nos íbamos para el siguiente destino, nada más y nada menos que…

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