Diario de un viaje a México: El orgullo tapatío

Ahora todas las ciudades tienen estos rotulitos, y bueno, aquí estoy también sumándome al furor

Siempre he leído que las segundas ciudades tienen un encanto especial. Suelen ser menos pobladas, mas limpias, menos caóticas y más hospitalarias que sus contrapartes capitalinas. Después de algunos viajes por esta América, me he dado cuenta que esa sentencia se cumple algunas veces, como en el caso de Medellín, Colombia; Córdoba, Argentina; y León, Nicaragua. En otros casos, se cumple parcialmente, como con Guadalajara, México.

Yo quería comprobar si Guadalajara podía encantarme más que la CDMX. A decir verdad iba con expectativas altas. ¿Me encantó? Siendo sincera, no. Es una ciudad que tiene sus cosas bonitas e interesantes, pero no me sentí con ganas de quedarme a vivir ahí, como me ha pasado con otros lugares. Esto no quiere decir que no la recomiende como destino. Al contrario; Guadalajara tiene mucho que ofrecer y hay que ir para entender por qué su gente la ama y la defiende. Es una ciudad orgullosa, llena de cultura propia, de comidas sabrosas y de tradiciones arraigadas. Es el famoso orgullo tapatío, y vale la pena sentirlo en persona.

Viviendo en el Mercado de San Juan

El mercado visto desde la tercera planta

De los 3 días que estuvimos en Guadalajara, pasamos aproximadamente un 50% en el Mercado de San Juan, el más grande la ciudad y un especie de meca comercial de 4 pisos donde se puede encontrar de todo. Pedro y yo vacilábamos que ya fijo los vendedores y los de los puestos de comida estaban hartos de vernos pasar, porque literalmente estuvimos mucho tiempo metidos ahí.

Nos estabamos quedando relativamente cerca, a unas 4 cuadras en las cercanías del Centro Histórico, y el primer día que llegamos no teníamos realmente un plan, así que nos encaminamos hacia allá para almorzar. La variedad de puestos es abrumadora! Hay demasiado de donde escoger y todo se ve sabroso. Yo, bien sapa, ya había leído en Internet cuales eran los platillos estrella de la gastronomía tapatía e iba dispuesta a probar todo lo que me pusieran al frente, pero al ver tanta opción me dio por caminar como gallina loca entre todos los locales, viendo a ver que prometía más.

Buenísima la birria donde El Copetes

Lo primero fue probar la birria. La birria es un guisado de res o de carne de chivo, muy típico del estado de Jalisco, que es una especie de carne mechada arreglada y que queda bien caldosita. La sirven en taco o solita, con verdura (como le llaman en Mexico a la cebolla y el culantro) y de primera entrada no parece la gran cosa, pero tiene este SABOR! Nos comimos sólo un taco porque la idea como probar otras cosas y de entre todas hacer un almuerzo.

Pasamos luego a un chinamito donde preparaban cocteles de marisco. Aunque Guadalajara está a a 5 horas de la playa, pues el estado sí tiene zona costera así que imagino que de ahí viene la costumbre. La cosa es que le sirven a uno esta copota repleta de camarones y pulpo, con su buen aguacate, chilito y un poco del caldo de marisco. No les puedo decir lo rico que estaba! Y mega barato: un coctel grande costaba mas o menos 70 pesos mexicanos ($3.5) cuando en Costa Rica yo no me como eso por menos de $10.

Ya con eso quedamos bien repletos, pero faltaba el postre. Nada mejor entonces que una jericalla. Una jeri…queeee? Jericalla, una especie de flancito dulce, similar a lo que conocemos como leche asada. Lo pintoresco, aparte de que sabe riquísimo, es que lo sirven en una tacita de loza toda coqueta y al final uno puede quedarse con ella. Contra todos los pronósticos que auguraban que se iba a quebrar, llegó a Costa Rica sana y salva.

Manjar de dioses, no se vayan de Jalisco sin probar una de éstas!

Aparte la comida, el mercado en sí sólo da para caminar por horas. Como mencioné tiene como 4 pisos y se divide en sectores de acuerdo a lo que hay. Existen como 3 pasillos solo para los dulces y reposterías, una ala completa con implementos para ranchería (porque en Jalisco esta es la onda, entre más ranchero, mejor) donde encuentra uno botas, espuelas, sombreros y de todo para arreglarse al mejor estilo hacienda. Hay además otras zonas con herbolaria, hierbas y perfumes para los hechizos (en serio) y el ultimo piso que alberga zapatos y ropa posiblemente de piratería.

Un tejuino, Tlaquepaque y una caguama

Guadalajara es una ciudad extraña. Una parte de mí no se impresionó especialmente con ella, pero otra quedó encantadísima, sobre todo luego de tardear en el Centro Histórico y de recorrer algunas de sus colonias en compañía de un amigo tapatío de Pedro, a quién teníamos 2 años de no ver.

Murales en el techo del Centro Cultural Cabañas, pintados el artista jaliciense Jose Clemente Orozco. La foto no es la mejor, pero si quería mostrarles lo loco de estos murales, que dependiendo de la perspectiva se ven completamente distintos.

El Centro Histórico es muy bonito, y más que eso, tiene mucha vida. Creo que es uno de esos casos donde la ciudad quizá no sea tan bella, pero tiene alma . Cuando no estábamos en el Mercado, estábamos sentados en una banca viendo pasar gente, comprando chucherías o sino caminando por las avenida que conecta la plaza principal frente a la Catedral con el Centro Cultural Cabañas. En muchas esquinas vendían el famoso tejuino, una bebida hecha de maíz fermentado con piloncillo (tapa de dulce) y al cual le ponen una bola de nieve de limón encima. Dicen los entendidos que refresca mucho pero al final no lo probamos. La verdad no sé ni por qué, ahora que estoy acá escribiendo me arrepiento de no haberme comprado uno.

En nuestro segundo día nos enrumbamos a Tlaquepaque, un pueblito mágico que está a unos 20 minutos del centro de Guadajalara. Originalmente era un pueblo separado de la ciudad, pero a medida que la mancha urbana se fue extendiendo, quedó prácticamente pegado y ahora es parte de la zona metropolitana. Se puede llegar bien en autobús, pero nosotros fuimos en Uber aprovechando lo barato que es allá.

Tlaquepaque es estéticamente más bonita que su hermana, la ciudad grande, pero también es más turística por lo que ciertas partes se sienten más “producidas”. La mayoria de excursiones llegan al colorido rótulo de la ciudad y suben por la avenida peatonal hasta llegar al “Parián”, que es básicamente una plaza turística donde la gente puede comer y beber en terrazas al aire libre. En esa peatonal pululan las tiendas y restaurantes más fancy. así que si ustedes buscan algo más auténtico, hay que desviarse de ahí hacia otras calles aledañas,

En mi opinión lo más interesante de Tlaquepaque es el Mercado de Artesanías. Nosotros encontramos montones de cosas bonitas hechas a mano y otros souvenirs divertidos. Al final nos trajimos un tortillero de tela nada más.

Esa tarde regresamos al centro de Guadalajara para almorzar en el Mercado y luego toparnos al amigo de Pedro. Edwin, que así se llama, conoció a mi marido en el 2006, cuando era estudiante de intercambio y llevaron algunos cursos juntos en la carrera de Turismo Ecológico. Todo un personaje.

Con él dimos una vuelta por algunos cuadrantes de la ciudad que no habíamos conocido y que resultaron ser bien pintorescos, como la Plaza de las Ocho Esquinas, donde se concentran la birrierías más famosas. También fuimos a caminar por Avenida Chapultepec, que es una avenida ancha y larga con una alameda al medio donde se estacionan chinamitos y ventas de artesanías. Es como una especie de “zona rosa” donde se puede caminar con bastante tranquilidad y donde hay montones de barcitos chic (algo así como Barrio Escalante, para los ticos).

En uno de esos barcitos hicimos escala para tomarnos la caguama de rigor. Luego saldríamos hacia otra zona de la ciudad para toparnos con Mayra, otra amiga de Pedro y quien también estuvo de intercambio. Salimos a un “antro” y estuvimos casi hasta la medianoche conversando con Mayra, su novio, varios amigos de él, y Edwin.

Fue una salida muy amena y cálida, porque al menos nosotros ya no salimos nunca de noche y menos a un bar, entonces fue como si estuviéramos de nuevo en la universidad. Es algo que posiblemente no hubieramos hecho por nuestra cuenta, más que varias amistades nos dijeron que salir de noche en Guadalajara era algo riesgoso. Al parecer, el cartel de narcos más poderoso de la actualidad en México opera precisamente acá y en los linderos del estado de Jalisco. Pero bueno, de algún modo ir con locales nos hizo sentir protegidos y como si estuvieramos en casa. Terminamos la noche con muchos abrazos y una promesa de volver para ir al Lago de Chapala.

“Ya llegaron al hotel? Ah bueno, mañana nos vemos para Guachimontones”.

Ojo al Cristo

  • La mejor zona para hospedarse en Guadajalara es en las cercanías del centro o sino en Chapultepec y Colonia Americana. La primera está cerca de los principales atractivos de la ciudad y la segunda es la zona rosa, más segura, limpia y tranquila. Zapopán y Tlaquepaque tambien son buenas opciones para quedarse pero sí están más lejos, por los menos a 20-30 minutos del centro.
  • Nosotros nos quedamos en el Hotel Plaza San Francisco, una muy buena opción en el centro, con un desayuno decente y habitaciones espaciosas. El único detalle: de noche es medio solitario y operan muchos barcillos de mala muerte, así que si van a salir, es mejor hacerlo en taxi o Uber.
  • Si pueden, dense la vuelta por el Centro Cultural Cabañas. Este centro fue antiguamente un hospicio de huérfanos y actualmente alberga una iglesia cuya cúpula está decorada con murales enormes, hechos por un famoso muralista mexicano llamado José Clemente Orozco. Si les gusta el arte y la historia, es una parada obligatoria.
  • El camión (bus) a Guadalajara desde la CDMX tarda unas 8 horas. Nosotros nos fuimos en avión con Volaris, pero ir en camión es una buena alternativa. En México operan muchas líneas de autobús, con diferentes niveles de comfort para todos los gustos y presupuestos.

Guadalajara termina aquí, pero no Jalisco. El diario de viaje continúa…

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