Diario de un viaje a México: La tercera es la vencida

Primer amor

La primera vez que me subí a un avión fue en 1987, cuando tenía 4 años. El destino era México.

No recuerdo la fecha en que fui, ni cuales fueron las circunstancias detalladas que rodearon ese viaje. Sólo se que yo iba con mi mamá e íbamos a visitar a un hermano de mi papá que vivía en el estado de Michoacán. Los recuerdos que tengo de ese viaje son muy, pero muy difusos. Sin embargo, los que tengo son muy vívidos y a todo color. Tanto, que 32 años después aún los puedo evocar.

Yo viendo por la ventana del avión como todo se hacía pequeño. Asombrada, sin llorar, sin nervios, simplemente curiosa y expectante. Visitando el zoológico de Morelia con mami y viendo tigres de Bengala y elefantes por primera (y única) vez en mi vida. En una lancha rumbo a la isla de Janitzio. Subiendo lo que a mí me parecieron 10 mil escalones para llegar a la cima del monumento de Morelos, donde yo puedo jurar que estaba el busto de un faraón egipcio (el recuerdo falso más rajado que haya tenido). Aterrorizada viendo las momias de Guanajuato y sus caras desencajadas. En la cajuela de un auto, donde me metieron porque hacía mucho frío en uno de los viajes por carretera que hicimos y ese era el lugar más calientito.

A esa tierna edad yo no sabía que esos sentimientos de emoción y curiosidad eran la semillita que iba a germinar años después en mi pasión de trotamundos. México fue mi primer amor viajero, aunque yo no lo supiera en ese entonces. Muchos años más tarde, México fue el país que encendió de nuevo la chispa, luego de más de una década de no viajar ni hacer nada que me emocionara en especial. Esa segunda vez, sin embargo, hubo experiencias que no pude vivir por haberme apegado a la rigidez de las agencias y sus itinerarios cronometrados.

A inicios de este año, cuando me vi en medio de un sabático auto impuesto, visualicé algo: quería vivir las fechas del Día de Muertos en México. Me hice el propósito, como me dijo mi amiga Mari “Pida, pida…sea bien necia, de modo que el universo le de lo que quiere para que deje de estar de necia”. Al parecer alguien allá afuera me escuchó, porque casi de inmediato me encontré una oferta de tiquetes de avión baratos justo para ese tiempo.

No tenía trabajo, no tenía ingresos fijos y no tenía la más puta idea de lo que iba a suceder. Pero tenía mis tiquetes en mano y estaba lista para una tercera vuelta, Aterrizamos en Ciudad de México el 22 de octubre y al día siguiente iniciamos oficialmente la travesía.

En las faldas de Tepito

Nuestro primer día en la CDMX fue exploración libre. Bueno, más o menos. Yo tenía metido en la cabeza que quería visitar un lugar tabú, al menos para el turismo convencional: quería ir a Tepito, o al menos acercarme un poco para ver que era el escándalo.

Tepito es conocido como el barrio bravo más popular de la ciudad. Ha salido en películas y series, es cuna de boxeadores y vivieron en él personajes tan conocidos como El Santo y Cantinflas, nada más y nada menos! No sé si es que después de meterme en la favela se me quitó el miedo o si simplemente me me cruzaron los cables, pero me puse a leer en Internet y me di cuenta que de repente sí podríamos visitarlo, tomando en cuenta ciertas medidas de seguridad que en resumen son andar sólo con el dinero necesario, ir acompañado de un local y no llevar nada ostentoso.

Contactamos a un guía mexicano por Facebook, quien por dicha tenía libre, y cuando le dijimos que queríamos ir a Tepito nos dijo “¡Yo soy materia dispuesta nomás!”. Eso sí, nos llevó únicamente a la zona comercial del barrio, que es básicamente un enorme mercado al aire libre de chinamos, o “tianguis” donde uno literalmente puede encontrar lo que sea. Desde baratijas y copias al carbón de tenis de marca, hasta armas y mercadería robada. El barrio es bastante más grande, pero a partir de cierta zona es mejor no pasar porque se vuelve en serio peligroso. Como somos aventurados pero no estúpidos, hicimos caso y nos quedamos solamente en la parte popular.

Al igual que Centro Habana o la Rocinha, Tepito no es para los débiles, para los glamorosos o para los que tienen asco de todo. Sus edificios son ruinosos,las calles tienen basura y hay agua puerca. Pero está tan lleno de vida! Es como andar en un gran laberinto, dobla uno la esquina y hay lentes Rayban, dobla la otra y hay tennis Vans de 100 pesos mexicanos (unos $6!!), sigue y encuentra a la seño de los tacos, continúa un poco más y encuentra perfumes Hugo Boss a 100 pesos tambien. Todo de “fayuca” (imitación), pero todo tan bien hecho que de verdad puede uno armarse un vestuario de prendas de marca en menos de $20.

“Que le doy guerita? Pase y pregunte”. En Tepito, todas las compradoras somos gueritas, aunque tengamos el cabello bien oscuro.

“Mira esta sudadera! Te la dejo barata, esta bien chingona! Que la mires te digo, es robada pero chingona!” Era chingona, decía la verdad el wey, pero le sonreímos levemente y pasamos de largo. Por fortuna andar con Mario, el guía y mexicanísimo, nos ahorró muchos acosos.

“Aguitas frescas, lleve su aguita frescaaaa! De nuez, de pistacho, de fruta, de limón, de tamarindo ,de jamaica y horchataaaa!” Con el calor infernal que hacía en ese momento, hicimos parada estratégica. Probamos la de pistacho, de un color verde radioactivo, y también la de nuez y fruta. Sí, podíamos habernos enfermado porque no teníamos ni puta idea de donde venía esa agua, pero lo cierto es que estaban DE-LI-CIO-SAS!

Llegamos a los límites del mercado al aire libre, y Mario nos dice “De esta calle para allá, es donde venden droga…ya ahi no te puedes meter, que es la parte brava. Es donde van a notar que no eres de ahi, y te pueden agarrar, meter en una vecindad y asaltarte”. Y no es broma: a menos de 50 metros estaban unos tipos en una camioneta que tenía toda la pinta de andar en esos negocios. Les pasamos relativamente cerca, pero como regla de oro, no vimos nada ni nos dimos por enterados.

Bueno ¿y las fotos? En Tepito no se pueden tomar fotos. Es decir, sí se puede, pero bajo su propio riesgo y responsabilidad. A pesar de estar en la zona “segura” del barrio, los carteristas y maleantillos están a la orden del día y si uno “pega hueco” sacando el celular o la cámara se convierte automáticamente en un blanco fácil. Por eso no tenemos registros gráficos, sólo les puedo ofrecer este relato.

Tlatelolco, Revolución y Cráneos

En primer plano, el sitio arqueologico de Tlateloco, de gran importancia para los mexicas. Al fondo, la plaza de las 3 culturas y uno de los edificios habitacionales. Cuando paso la masacre de Tlateloco se dice que los francotiradores disparaban desde los pisos superiores de este edificio.

Muy cerca de Tepito está la Plaza de las 3 Culturas de Tlatelolco. Era uno de esos lugares que no habíamos conocido la vez anterior y nos llamaba la atención conocerlo, sobre todo luego de haber visto varias peliculas ambientadas en el México de 1968, cuando ocurrió la famosa Masacre de Tlateloco.

El lugar fue en otros tiempos un asentamiento prehispánico y hoy en día es una gran plaza rodeada de edificios habitacionales. En la plaza se reunían jóvenes universitarios que, en el México convulso de los 60, protestaban en contra de la desigualdad y el gasto desmedido del Gobierno para realizar los Juegos Olímpicos del 68. Hay un memorial dedicado a las víctimas (conocidas) y básicamente es un sitio de reflexión. Hay un pequeño museo en las cercanías (que no visitamos) y al lado se encuentran dos cosas interesantes: las ruinas de un asentamiento indígena y una de las iglesias más viejas de la ciudad.

Continuamos el recorrido hacia el Monumento a la Revolución, que es otro sitio icónico de la ciudad. Pero antes, parada técnica para comer. Llevabamos casi todo el día afuera y no habíamos almorzado todavía. Lo bueno (y malo al mismo tiempo) es que en México uno puede jugársela a punto de “picar” comida todo el día. Ya para ese momento habíamos tomado aguas frescas y nos habíamos comido un paquete de papas tostadas y otro de palomitas de maíz. Mario nos llevó a un lugar llamado “Los Machetes de Amparito” con la ilusión de sorprendernos.

Los famosos machetes. Con uno es más que suficiente!

Los machetes son como unas quesadillas extra largas, de ahí su nombre. Se les puede poner 3 guisos, a escoger entre pollo, hongos, huitlacoche, chicharron, etc. Se agrega queso y como buena comida callejera, se ponen a freir un ratito en manteca. Saben bien, pero en mi opinión son demasiado grandes y pesados. Yo personalmente me quedo con los taquitos y las tortas.

Luego de comer, y en plena hora pico, nos dieron chance de bajarnos en el monumento para tomarle algunas fotos y dar una vueltita. El Monumento a la Revolución es una construccion grande en la Plaza República que sirve como memorial para los heroes de la Revolución Mexicana de 1910. Los restos de Pancho Villa por ejemplo reposan acá. No hay mucho más que ver, para ser honestos, aunque en teoría hay un museo y tambien un mirador al cual se puede subir por un módico precio.

Como ya se iba a venir la lluvia y yo quería ir a ver la exhibición de alebrijes y cráneos en el Paseo de la Reforma, salimos soplados otra vez en el carro y nos bajaron a unos 200 metros del Angel de la Independencia. Muy lindos los cráneos, bien coloridos (como todo en México),pero había tal cantidad de gente pujando y dándose codazos por tomarse un selfie con todos y cada una de las obras, que terminamos haciendo el recorrido muy rápido. Igual fue apenas un pedacito lo que vimos porque Reforma es una de las avenidas más largas y la exposición continuaba como por 2 km más.

La exhibición de los Mexicréneos, a lo largo de la Avenida Reforma. Por supuesto, hay que agarrarse a codazos con todo el mundo para tomarse la selfie.

Ya satisfechos por el día, calabaza y a comernos un taquito antes de dormir porque al día siguiente salíamos para el segundo destino…

Ojo al Cristo

Esta vez no estoy escribiendo en mi tradicional formato de Guía Express, pero igual siempre me gusta dar algunos tips de viaje o prevenirlos de posible chascos (para eso estoy, para que me pase a mí y no a ustedes), así que ojo al Cristo. Cosas útiles que aprendimos en nuestro primer día de viaje:

  • Por conveniencia, a mí me gusta quedarme en el Centro Histórico pues está cerca de todo. Eso sí, a la hora de escoger hotel revisen MUY pero que MUY bien las recomendaciones. Hay muchas denuncias por ahí de hoteles del centro que se confabulan con maleantes para extorsionar turistas, así que lean no solo lo que vengan en el sitio web del hotel, sino las recomendaciones de Google, TripAdvisor, Booking etc. Nosotros nos quedamos en el Hotel Castropol, en Avenida Pino Suarez, una opción súper cerca del centro, con mucho comercio y opciones para comer alrededor, y con una buena relación calidad/precio.
  • Si piensan bookear reservaciones con Airbnb desde alla, procuren que su tarjeta sea VISA o MasterCard. Amex por algun motivo ofrece miles de problemas y es posible que no puedan procesar el pago. Añadanle que la interfaz movil de Airbnb apesta y cambiar la forma de pago no es tan sencillo. Por dicha tenia Booking a la mano.
  • Usar UBER es bastante seguro en la CDMX (al menos viajando en pareja, no se si lo recomendaria para chicas que viajan solas) y muuuuuy económico.

Pronto, la segunda parte de este diario de viaje, donde nos vamos a….

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