5 lecciones de un sabático

Cuando decidí mandar a volar todo lo hice con un único plan en mente: darme un año sabático sin trabajar.

Sí, un especie de lujo de primer mundo que sin embargo yo necesitaba porque tenía años de andar pegando como abejón de mayo contra las paredes, sin la más remota idea de que hacer con mi vida y con miles de dudas sobre si lo que estaba haciendo era lo que yo realmente quería.

Así que ni lerda ni perezosa, planeé mi escape y me propuse darme un año entero de libertad para hacer lo que me viniera en gana, descansar, pasar tiempo con amigos y familia e ir descubriendo poco a poco las respuestas a mis preguntas existenciales.

Pero la vida da unos giros interesantes y heme aquí, casi un año después terminando ese sabático porque he vuelto a trabajar,

No volví porque se me acabara el dinero. Volví porque finalmente encontré un trabajo en sintonía con mis intereses profesionales y mis prioridades de vida. Fue algo por lo que trabajé mucho, pero al mismo tiempo fue inesperado, De esas cosas que uno dice que estaban destinadas a suceder tarde o temprano porque como me dijo una amiga, yo la tenía clarísima.

Esto me lleva a reflexionar sobre mis 9 meses de sabático y las cosas que aprendí durante ese tiempo. Los invito a leer.

#1- Las respuestas van llegando solitas

Eso me dijo mi amiga Claudia, otra que también mandó todo al carajo, el día en que se enteró de mi sabático.

Para alguien como yo, que venía con el chip de la intensidad y la inmediatez a nivel Dios, tener paciencia para esperar a que se aclararan los nublados fue hiper difícil. Los primeros tres meses luego de irme me a ponía escribir listas de pendientes, planes de estudios, metas, objetivos y demás, pero llegó el punto en que empecé a sentirme abrumada.

Que si hago esto, que si hago aquello, que si estudio esto, que si mejor me fumo la plata en viajes, que si me pongo a freelancear, que si busco trabajo tradicional, que si me rasco la panza y me pongo a ver Netflix, que si retomo los cursos en línea…en fin, tantas opciones había en el menú que estuve a punto de colapsar. Tuve que ponerme un estate quieto y recordar cada día las sabias palabras de mi amiga; más el recordatorio constante de que no estaba en una competencia y que tenía que respetar el proceso.

Aún no tengo todas las respuestas y muchas no llegan aún. Pero las que llegaron, lo hicieron solitas y a su tiempo.

#2- La claridad es todo

Si había una sola cosa que yo tenía clara cuando salí de mi anterior trabajo, era que yo no iba a conformarme con menos de lo que quería. En mi cabeza estaba nítida, nítida mi convicción de aceptar solamente ofertas laborales que me dieran la posibilidad de trabajar remoto al 100%.

Pero como la vida es bien perra a veces y lo pone a uno a prueba, pues resulta que me tiró varios curveballs difíciles de esquivar. En Costa Rica no es común encontrar diseñadores instruccionales, y aunque mi experiencia en esa área no era tantísima, pues parece que fue suficiente para que varias multinacionales se me empezaran a tirar encima con ofertas.

Eran proposiciones tentadoras, en términos de dinero y estabilidad. Pero no me emocionaban en lo más mínimo. Aún así, esa vocecita necia en mi cabeza con la que lucho a veces me decía que al menos aceptara una entrevista para ver que me ofrecían. Lo hice en un par de ocasiones, y aunque parecía que estaban dispuestos a ceder a mi capricho del trabajo remoto, pues al final no había nada seguro en este aspecto.

Así que me tocó consultar con mis consejeros espirituales (entiéndase, mis amigos) y tomarme a mí misma de la manita para preguntarme “¿Aceptar cualquiera de estas ofertas me acerca más a lo que yo realmente quiero?” La respuesta era un rotundo no. Así que haciendo caso omiso a la vocecita necia, las siguientes 2 veces que me contactaron para ofrecerme una posición en transnacional les dije con firmeza que muchas gracias, pero no gracias.

La claridad es todo gente. Si ustedes saben bien lo que quieren, no se dejen desviar por las distracciones del camino, que son muchas. Y si no lo saben y no tienen claridad, pues paren un toquecito y haganse las preguntas básicas: ¿se alinea esto a quien yo soy y a lo que me gustaría ser en un futuro? Si la respuesta es no, es hora de decir chao cariño chao.

#3- Uno vive con poco

Irse de compras y gastar como una Kardashian es chiva de vez en cuando, pero lo cierto es que no necesitamos de tanta tilichera para vivir bien y felices.

Yo sabía que un sabático implicaba socarse la faja en algunas cosas, sobre todo porque no tenía una fuente inmediata de ingresos e iba a vivir por un tiempo sólo de mis ahorros. Y aunque nunca he sido especialmente consumista (soy de las personas que botan las cosas hasta que ya no dan para más) , estos 9 meses me enseñaron que de verdad es muy poco lo que uno ocupa en la vida.

Mi amiga Rebecca ya me lo había dicho, una de las muuuuchas veces que llegué como un saco de nervios a pedirle consejo sobre lo que pensaba hacer. ¡Y es en serio! Con que uno tenga comida,un techo, ropita decente y buenas relaciones basta y sobra. Solemos pensar que nuestro valor se asocia a lo que tenemos y no: el valor ya está en uno y en los momentos que pasamos con quienes amamos (¡muy romántico, pero así es!)

Sé que no todo el mundo está en posición de “vivir con poco”, más si hay deudas. Estoy consciente que yo estoy en una posición super privilegiada para haberme dado el lujo de irme en sabático (lo cual no significa que no haya trabajado para lograrlo), pero igual creo importante compartir este hallazgo: talvez simplificar nuestras vidas y dejar de consumir tanto sea la clave para estar más tranquilos y realizados.

#4- Siempre se puede empezar de 0 y nada pasa

La idea de hacer borrón y cuenta nueva en el plano profesional siempre me dio miedo en la teoría, aunque en la práctica ya lo hubiera hecho varias veces, ya fuera de manera intencional o simplemente porque la vida me fue llevando por caminos variados.

De algún modo sentía que tenía que “serle fiel” a cierta idea o trayectoria, solamente porque ya llevaba años invertidos en la misma y abandonar ese camino sería como desperdiciar toda esa experiencia. Bull-shit. A mí me rondaba mucho esa idea tonta de que tenía que apegarme a algo y hacerlo funcionar sólo porque sí, porque ese era el plan que debía cumplir, porque eso se esperaba de una persona normal (cosa que no creo ser, a mucha honra), porque no hacerlo me tiraba al saco de la gente fracasada y todo mundo me iba a señalar con el dedo.

“Ay, es que estudié esta carrera, que esta maestría, que este curso en la universidad…sí, no me emociona ya, pero diay invertí tanto tiempo en ella…” o “Ay, es que trabajé tanto años en X cosa y ahora me ofrecen buenos puestos porque acumulé experiencia…no me emociona ya, pero como voy a rechazar lo que me ofrezcan si me fajé tantos años a hacer eso”. ¿A alguien le suena familiar?

No somos entes estáticos. Cambiamos y nunca nadie es la misma persona que era hace 10 años (¡gracias Señor!). Entonces…¿porque uno es tan necio y continúa perdiendo el tiempo en una vaina que ya no da para más, por más tiempo o dinero que uno le haya metido?

Uno puede vivir muchas vidas en una sola. Y así con todo, incluyendo las relaciones interpersonales. Siempre hay una oportunidad para empezar de nuevo y hacer las cosas bien, o al menos, hacerlas diferente. Si alguien nos juzga por ello, pues que se vaya pa’l carajo.

#5- Es una de las mejores decisiones de la vida

Yo puedo haberme arrepentido de miles de idioteces que hice en el pasado, pero sí hay una decisión de la que no me arrepiento en absoluto es la de haberme dado este tiempo para respirar, pensar y sobre todo, actuar.

Quizá no sea la receta mágica para todos. Pero si me preguntan a mí, pienso que es algo que TODOS deberíamos darnos la oportunidad de experimentar, si las circunstancias nos son favorables,

Me gustaría escuchar opiniones. Aquí quedo por ahora, pero si quieren saludar o contarme que piensan abajo está la cajita de comentarios 🙂

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6 comments

  1. Marce, siempre me agrada mucho lo que escribís. En mi caso, al leer pensé en esa oportunidad que tuve de soltar algo estable y aburrido que tenía, y pedir unos 6 meses para hacer una pasantía – que era lo que yo creía que necesitaba para poder cambiar de sector y encontrar trabajo “en lo mío”. Y fue sabio porque de alguna forma u otra funcionó. En mi caso el privilegio fue no tener dependientes y contar además con el apoyo de mi pareja. Pero es cierto, una no se arrepiente. Creo que de lo que una si se arrepiente es más bien del “what if”, de esa incertidumbre.

    1. Hola Eca! Gracias por pasar a leer.
      Te entiendo, en mi caso fue igual, mi ventaja era no tener deudas ni dependientes (mas alla de mis mascotas) y que mi esposo me apoyo con todo cuando se dio cuenta de que yo iba en serio. Hizo mucho la diferencia el saber que la persona mas importante de mi vida entendia porque yo estaba haciendo lo que estaba haciendo. Y definitivo, a mi lo que me daba horror esa precisamente arrepentirme mas tarde por no haberlo hecho. Cuando me daba miedo, pensaba en esa posibilidad y me aterrorizaba mas, asi que pues termine echandome al agua! Me alegra saber que tambien te funciono lo de tirarte al vacio, la verdad que la vida es corta y hay que perseguir esas cosas que nos llenan.

  2. Uy Marce que lindo! Te felicito y te admiro, me encantó esta frase:
    “Uno puede vivir muchas vidas en una sola. Y así con todo, incluyendo las relaciones interpersonales. Siempre hay una oportunidad para empezar de nuevo y hacer las cosas bien, o al menos, hacerlas diferente. Si alguien nos juzga por ello, pues que se vaya pa’l carajo.”

  3. Marce mi chiquita me encanta leer lo que escribis siempre te he dicho sos la mejor,me alegra que estes bien y espero podamos vernos pronto y ponernos al tanto un abrazote

    1. Mari mi chiquita, que gusto verla por aca! Siii, ya llevamos demasiado sin vernos, sera que pronto nos ponemos de acuerdo? Un abrazo!

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