El tamaño de los sueños

Caja rosa con caramelos
Foto por  NeONBRAND en Unsplash

Hace unos quince años, cuando estaba en la universidad, nos reunimos mi grupito de amigos y yo para conversar como hacíamos siempre. En uno de los tantos hilos de conversación, salió el tema de los sueños de vida. La pregunta, inevitable, era “¿Cuál es nuestro sueño más grande?”

Uno de mis amigos no dudó en contestar que el suyo era ser un gran productor audiovisual, un formador de talentos y tener su propio programa de televisión para niños. Cuando me tocó el turno, yo dijo que el mío era ser reportera de National Geographic. Él me miró de una manera rara y me dijo “Sí, pero ese es como un sueño…muy pequeño, siento yo…No me malentiendas, pero así lo percibo”.

Obviamente en su momento me sentí algo ofendida. ¿Quién se creía este man para desacreditar, lo que yo pensaba, era mi sueño?¿De cuando acá existían sueños grandes y pequeños? No se lo dije, pero mi pensamiento inmediato fue “Fuck off, ni que el sueño suyo fuera la gran vaina”. Ahora que lo recuerdo me da risa, pero sí me dio material para pensar. Tanto así que aquí estoy, quince años más tarde escribiendo un post al respecto.

Soñar ¿en grande?

No creo que exista una medida estándar para evaluar lo que nos parece un ideal de vida. Sin embargo vivimos en una sociedad que nos pasa diciendo que nada nunca es suficiente.

Yo he cambiado de sueños como de calzones y a estas alturas de la vida no tengo un sueño “grande”, de esos que generan admiración y respeto como ser cantante famoso o un importante científico. Hace tiempo que dejé atrás el de escribir para NatGeo, no porque no me crea capaz de hacerlo, sino porque uno como persona evoluciona y ya esa aspiración no resuena con quien soy en este momento.

De algun modo he cambiado los sueños grandes por sueños pequeñitos que he ido logrando poco a poco. Como cuando soñé con ir al Pantanal brasileño, o al Desierto de Atacama, o a las ruinas de Tikal. Casi todos mis sueños han tenido que ver con viajes, curiosamente, pero también hay otros relacionados a mi vida cotidiana, como obtener X trabajo, aprender portugués, a dibujar con plumillas o algo tan aparentemente simple como hacer una pose de yoga que antes no podía hacer.

Yo me cuestiono ¿por qué se ve con tan malos ojos que uno no tenga un sueños de esos de película? ¿Que tal que uno desee tener una vida sencilla y que esa sea su realización?¿Por qué todos tenemos, en teoría, que tener una meta de esas grandiosas por la cual luchar toda la vida hasta alcanzarla?

No sé. Yo siento que la vida es corta como para desvelarse tanto por eso. Y no digo con esto que esté mal soñar en grande, lo que digo es que hay que dejar la majadería de encasillar a todo mundo en el mismo molde y la costumbre de menospreciar a otros por la relativa grandeza o pequeñez de sus sueños.

Por ejemplo, hay mujeres cuyo sueño en la vida es ser madres y dedicarse a su hogar a tiempo completo (aún existen, aunque parezca que no) . En otros tiempos, lo confieso, hubiera juzgado esto con la mayor dureza porque claramente no es el sueño mío. Pero a medida que uno crece se da cuenta que uno no es nadie para evaluar la validez de las aspiraciones que otros tengan. Yo creo que ahorita mismo una mujer que tenga ese sueño puede estarse sintiendo cohibida de expresarlo porque medio mundo le dice que “está para más”,”hay vida más allá de los hijos”, “los tiempos han cambiado, usted puede ser X, Y, Z, lo que sea”.

¿Pero y si esa mujer no quiere ser X,Y,Z y quiere ser simplemente la mejor madre que pueda? Pues que lo sea. Su sueño es diferente, pero igual de válido. Uno puede tener su opinión al respecto, ¿pero saben qué? Si no nos la piden, no hay porque estar dándola.

En que termina la historia

Mi amigo, el del inicio de la historia, hizo realidad todos los sueños que nos contó esa tarde de café allá por el 2003. No he vuelto a hablar con él, pero gracias a las redes sociales he visto que ha hecho todo lo que se propuso e imagino que hasta más. Me alegro sinceramente por él.

Yo, por otro lado, no logré mi sueño de ese entonces. Ya no me siento mal ni fracasada por ello, pero hubo un momento en que sí me sentí como un fraude, no sólo por no conseguirlo sino porque me dí cuenta que no tenía un sueño “grande” y eso ante los ojos de la cultura contemporánea es ser un mediocre.

Hoy abogo más por la realización personal a la medida y por la posibilidad de abandonar los sueños cuando ya no nos vemos reflejados en ellos. Asimismo, abogo por la creación de nuevos sueños cada cierto tiempo, sean grandes o pequeños. Más que por su tamaño, los sueños importan por la capacidad que tienen de emocionarnos y hacernos sentir vivos.

¿Están de acuerdo? Los leo y los espero en los comentarios.

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