5 realidades de ser anfitrión en Airbnb

5 realidades de ser anfitrion en Airbnb

Cuando yo dejé mi trabajo el año pasado, surgieron lógicamente las dudas relacionadas a como mantenernos. Siendo la control freak que soy, es obvio que hice un planeamiento financiero bastante estricto, pero también me puse a explorar formas alternativas de generar ingreso. Fue en ese momento que reapareció una opción que habíamos pensado hace un tiempo: ser anfitriones de Airbnb.

Como en casi todas las casas y apartamentos, nosotros también teníamos un cuartito sin uso, o el “cuarto de los tiliches”. En otras palabras, la habitación donde tirábamos todo aquello que no cabía en nuestra habitación oficial. No lo habíamos acondicionado antes porque nos daba mucha pereza reorganizar los armarios de modo que la mayor parte de nuestras cosas quedara en nuestra habitación y porque como yo trabajaba a tiempo completo, como que no quería sacrificar mi comodidad personal ni un poquito para darle espacio a alguien más. Pero cuando las circunstancias cambiaron, pues nos pusimos manos a la obra.

Lo primero que hicimos fue publicar el anuncio en la plataforma, que es básicamente como un clasificado donde se indican todas las condiciones, descripciones, precios y reglas del espacio que se va a rentar. Como ya teníamos experiencia de huéspedes, ya teníamos un perfil hecho y fue cuestión de añadirle el usuario de “anfitrión” para así configurar todo.

Pero bueno, el objetivo de este post no es brindar un paso a paso de cómo ser anfitrión, puesto que la documentación que ofrece Airbnb para este fin es bastante completa e intuitiva. Lo que me interesa contarles es un poco más de nuestra experiencia en estos 3-4 meses de ser anfitriones para que tengan una idea de lo que es realmente, si es que están interesados en incursionar.

Realidad #1: La rentabilidad es muy relativa

La pregunta más común que nos han hecho ahora que estamos metidos de llenos como anfitriones ha sido precisamente esa: ¿Qué tan rentable es alquilar tu espacio? ¿Es posible vivir de un espacio de Airbnb?

Desde nuestra experiencia podemos decir que depende de 3 factores principales: el atractivo del lugar donde se encuentre el espacio, la competencia y sus precios, y por último la expectativa que uno tenga sobre el fin supremo de tener un Airbnb. Es decir, si lo quiere para complementar sus ingresos, o si pretende vivir de esta actividad.

Obvio que no es lo mismo tener un cuartito privado en Nueva York o París que en San José de Costa Rica, ciudad a donde los mismos ticos recomiendan “no ir” y que aunque tiene sus puntos interesantes (aunque algunos digan que no) pues no es la razón por la cual viene tanto extranjero a visitarnos. Entonces digamos que nosotros partimos con algo de desventaja pues no podemos cobrar precios como los que cobra un Airbnb en Playa Tamarindo o en La Fortuna por ejemplo, que son dos polos turísticos muy populares.

A eso se le agrega que hay más oferta de lo que hay demanda de espacios en nuestra ciudad, y esa oferta similar a la nuestra cobra precios bastante baratos, entre los $9 y los $15 . Al ser nuevos, tuvimos que empezar cobrando bien barato con el fin de competir por precio y así ser seleccionados por los huéspedes, con el objetivo de que el anuncio fuera subiendo dentro de la plataforma y que así más gente nos encontrara. Las evaluaciones y comentarios también ayudan a la visibilidad, entonces hay que pulirse con la calidad también.

Así vistas las cosas, nosotros nos hicimos a la idea de que el ingreso de Airbnb iba a ser básicamente una extra. Como no pretendemos vivir de ello, pues no nos estresa entonces tener periodos sin alquiler o subir los precios, aunque claro que sería buenísimo poder cobrar un poquito más. Lo que estamos apostando es a tener categoría de SuperHost, que es la que otorga la plataforma a anfitriones excepcionales.

Realidad #2: Es una extra que no cae mal

En continuidad con el punto anterior, hay que reconocer que es un ingreso complementario pasivo y que no requiere tantísimo mantenimiento, de forma que el dinero que entra se convierte en una especie de ahorro.

Hasta el momento no hemos hecho demasiado dinero, pero sí lo hemos generado de manera constante: el espacio estuvo reservado casi que siempre desde enero hasta mayo, y hemos tenido un par de huespedes más desde ese entonces. Entonces como decían por ahí, “de poquito en poquito, se llena el tarrito”. El plan es sacarlo a final de año para pagar algún gasto grande que haya para ese entonces (como el marchamo del carro) o cualquier otra eventualidad.

¿Qué por qué no sacarlo antes o depositarlo en una tarjeta para uso diario? Buena pregunta. Airbnb tiene diferentes métodos de pago y dependiendo del país donde uno esté, así será de fácil disponer de los ingresos. A los anfitriones de Costa Rica se les paga por medio de Paypal, Payoneer o transferencia bancaria, pero todas la opciones implican un pago de comisión para el intermediario y no es precisamente barato, entonces es mejor esperar hasta que de verdad haya alguna necesidad de utilizarlo.

Realidad #3: Entre más claridad, mejor la convivencia

Si bien las opciones para configurar el anuncio son muchas y hay bastante espacio para la personalización, no está de más recordarles que sean lo más claros posible si hay algún punto que quieran enfatizar de su espacio o de las normas que quieren hacer respetar en su casa/apartamento.

Les pongo el siguiente ejemplo de la vida real: en nuestro apartamento tenemos lavadora y secadora de ropa. La opción que Airbnb da para indicar que esta facilidad existe es una especie de opción o drop-down en la que uno selecciona que existe “lavadora o secadora con/sin pago dentro del edificio”. Pensamos que esto era suficiente para indicarle a las personas que la posibilidad de lavar existe, pero que podría implicar un costo adicional. Todos los huéspedes que han venido hasta ahora han querido lavar, de hecho, y a todos les hemos dicho ya estando acá que tiene un costo extra no incluido en la tarifa (pues el gasto de agua y demás, ni modo, lo amerita).

Pero bueno, siempre hay una primera vez y unos huéspedes que tuvimos se quejaron de que no éramos claros con respecto al cobro adicional del servicio de lavado. El castigo vino en forma de evaluación y entonces la moraleja de la historia es pongan en su anuncio todo lo que la gente debe saber sí o sí. De este modo, si alguien luego se lamenta ustedes tienen la prueba de que fueron claros al respecto y que no tienen la culpa de que no hayan leído con atención.

Realidad #4: No todos los huéspedes te van a gustar

Es la cruda realidad. Así como va a venir gente que ustedes van a adorar, por considerados, por simpáticos o por aseados, también van a venir individuos que ustedes van a estar deseando que se vayan pero YA de su casa. Es una lotería. Es un juego de barajas y hay que jugar con lo que salga.

Por fortuna, hasta el momento hemos tenido más experiencias positivas que negativas. Estuvieron el par de alemancitos que estuvieron fuera casi todos el tiempo, porque andaban paseando, pero que eran súper educados, amables y respetuosos. Luego estuvieron las chicas italianas que eran medio desordenadas, pero todo un amor y que se ganaron nuestra simpatía. Recordamos con cariño al señor mayor chileno que vino con su ahijado, que hasta nos invitaba a comer de la comida que ellos preparaban y con quien tuvimos muchos momentos de conversación amena. Aprendimos bastante con la parejita de mexicanos que vinieron a un congreso a la Universidad y que nos invitaron a visitarlos en México.

Hubo una oportunidad mutua de aprender y esa es la mayor recompensa que uno obtiene de meterse en esto, más allá de la retribución monetaria.

Por otra parte, estuvieron los que no hicieron química con nosotros, los que únicamente querían un alojamiento barato sin establecer un vínculo y los que se quejaron a pesar de no haber sido ellos mismos ejemplo de convivencia y limpieza.

Hubo una pareja, por ejemplo, que se quedó 2 semanas con nosotros y si acaso intercambiamos unas 2 o 3 palabras cada vez que los topábamos. No fueron malos huéspedes, porque de hecho casi ni estaban en casa, pero sí fue un poco extraña la falta de interacción.

Después llegó otra pareja de chiquillos mochileros con los que hubo cero química y al dejarnos la evaluación se quejaron de que hacíamos ruido en la mañana y los despertábamos (eran las 8:30 am y queríamos desayunar, hello?). Se quejaron también de que los perros lloraban mucho (cuando el anuncio dice como 4 veces que hay perros en la casa y todo lo que implica) y al final nos dimos cuenta que nos dejaron manchas de vino en el colchón de la habitación y que también dejaban encendida la cafetera todo el día sin estarla necesitando. Estos fueron, también, los que se quejaron de que les cobráramos el servicio de lavado.

En fin, que fueron un poco los huéspedes del infierno, pero ni modo. Como decía la mamá de Forrest Gump, la vida es como una caja de bombones y nunca sabés cual te va a tocar.

Realidad #5: De algún modo es un trabajo y no es para todo el mundo

Aunque yo haya dicho que rentar una habitación en Airbnb es un ingreso pasivo, lo cierto es que implica trabajo: desde mantener limpia la habitación y los espacios comunes, lavar la ropa de cama, asegurarse que todo está listo para la llegada de los huéspedes, mantener la comunicación y el servicio al cliente desde la plataforma y obviamente, ser un buen anfitrión, disponible y atento para cualquier necesidad que tenga el visitante.

Tampoco es que sea el trabajo más difícil del mundo, pero ciertamente hay que estar dispuesto a sacrificar cosas como la privacidad y el tiempo a solas, si lo que se tiene es un espacio compartido. A mí en particular me ha sido un poco difícil conciliar mi necesidad de tiempo a solas con mi rol de anfitriona, porque naturalmente necesito de espacio y teniendo gente en la casa eso es difícil.

Curiosamente se me ha hecho más sencillo cuando son huéspedes de los buenos, porque aunque estén mucho en la casa, compensa el hecho de que sean simpáticos y llevaderos, lo que me hace sentir que son como amigos quedándose en mi casa. Me ha sido más complicado con los que no establecen vínculo de nada porque siento como si fueran extraños invadiendo mi espacio sagrado y sólo quiero hacerles “¡Chú, chú, fuera!”

Como con todo, es cuestión de adaptarse. Me parece que las personas naturalmente extrovertidas se hallarán más rápido en su rol y le encontrarán rápido la gracia al nuevo “trabajo”. En cualquier caso, sepan que si se cansan se repente o sienten un bajón de energía por hospedar gente, ustedes al final son dueños de su espacio y pueden bloquear fechas también para recargar pilas. Como me dijo una amiga, es nuestro espacio personal y tenemos también derecho a decidir con quien o como lo compartimos.

Concluyendo

Ser anfitrión de Airbnb es una experiencia interesante y una manera relativamente sencilla de hacer una “extrilla”. No se van a hacer millonarios ni mañana, ni el otro mes, ni el otro año (al menos no en San José de Costa Rica), pero sí pueden poner a “producir” ese espacio vacante que tengan en su casa y crear una especie de ahorro pasivo.

Asimismo, si a ustedes les encanta aprender de otras personas y tener experiencias culturales, Airbnb brinda esas oportunidades pero tampoco va a faltar la gente que vea sus alojamientos como un simple hotel. No hay que tomárselo personal, pero sí hay que ponerse firme si en algún momento la gente pretende que le alcahueteen cosas.

Pero haciendo balance, han sido más las experiencias positivas que las negativas. ¿Les gustaría ser anfritriones de Airbnb algún día? ¿Tienen alguna duda? Hagan sus preguntas o nada más cuéntenme en los comentarios, me encantaría saber.

Si te gustó, compartilo!

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *