5 lecciones que le aconsejaría hoy a mi yo de 18 años

Foto por Dương Nhân desde Pexels

Ya sé que el tiempo no se puede devolver y que nada hago pensando en lo que ya pasó. Es uno de esos recordatorios que me doy a diario porque tengo una tendencia a lamentarme del tiempo perdido o de lo que no hice por estar tonteando. Pero me ha parecido curioso el ejercicio de voltear ese pensamiento y enfocarlo más bien hacia el crecimiento personal. Es decir, estos 36 años no han pasado en vano.

A mi yo de 18 años le hubieran servido muchísimo los consejos que la yo de 36 tiene para darle, así quizá se hubiera ahorrado algunos dolores de cabeza y colerones innecesarios. Claro, entiendo que si ella no hubiera pasado por todo eso, la yo que escribe estas líneas ahorita no tendría nada que decir. O talvez sí, pero desde un escenario muy distinto.

En fin que siempre me ha fascinado esa cuestión de los “what ifs” y las posibilidades, aunque ya no sean posibles y aunque a veces sean contraproducentes para mi ansiedad. De algún modo creo que son una manera también de reflexionar sobre todo el camino que he recorrido y que mis decisiones, aunque no siempre acertadas, me han traído exactamente a donde debo estar.

Y estoy empezando a divagar, como siempre, entonces entro en detalle. Estas son las 5 lecciones que si pudiera, le daría a la Marcelita de 18 años que en algún lugar del plano espacio/tiempo debe existir aún:

1) No entre a la U de inmediato, tómese un año sabático

Ir a la universidad me parece importante, pero no creo que sea el único camino para encontrar propósito. A toda mi generación, los millenials viejos, le dijeron que la fórmula milagrosa para una vida cómoda era estudiar una carrera universitaria, graduarse y BOOM! conseguir un trabajo así tan fácil como chasquear los dedos y de ahí pues nada, el carrito, la casita, el matrimonio, los hijitos y demás ilusiones.

El asunto es que no a todo el mundo le funciona la misma cantaleta, y tomar una decisión tan importante como es la carrera (en teoría lo que uno va a hacer hasta que se muera) a los 17 años es la estupidez más grande. Uno no sabe nada de nada y menos se conoce a sí mismo lo suficiente como para que esa elección sea tan definitiva.

A la Marce de 18 años le diría que no se apure. Que no se deje presionar por la gente a su alrededor para elegir carrera, que aunque eso sea difícil tiene que ser fuerte para no dejarse influenciar y darse el tiempo necesario para tener al menos una noción de lo que le gusta y lo que no. Y que mejor experiencia para eso que un año libre, donde pueda tomar diversos cursos libres, hacer voluntariados, explorar opciones, incluso conocer mejor los planes de las universidades para elegir de manera consciente y completamente informada. Porque seamos honestos, al menos acá en Costa Rica el proceso de orientación vocacional es pésimo y lo que uno siente es que tiene que escoger algo, lo que sea, para no quedar como el más loser.

Se que no todo el mundo tiene la posibilidad de darse ese año sabático por diferentes motivos, pero yo al menos sí la tenía y ni siquiera pensé en ella porque bueno ¡había que sumarse al sistema! Así que mi querida Marce de 18 años, plántese en la arepa y regálese ese año para conocerse un poquito más.

2) No tenga novio tan pronto ¡diviértase!

Esta de aquí tiene truco, porque si hubiera seguido este consejo a mis 18 posiblemente no tendría una vida de pareja tan estable como ahorita, talvez no hubiera conocido nunca a Pedro, porque antes tuve que pasar por relaciones con varios innombrables para finalmente ver la luz. ¡Pero quien sabe! La vida es tan rara que puede llegar al mismo resultado tomando caminos super opuestos.

No obstante, si no supiera lo que va a suceder y tuviera que aconsejar a la Marce de 18 le diría que ni se complique teniendo novio tan joven. La verdad que a esa edad lo más chiva es disfrutar sin compromisos, salir cuando quiera, donde quiera, experimentar todo lo que se pueda, irse de fiesta sin tener que estar dándole cuentas a nadie y en fin, hacer lo que le ronque.

Sí, yo sé que alguno debe estar pensando “Pero sí es la persona correcta, pues igual puede hacer todo eso!”. Completamente de acuerdo. La vida y el tiempo luego me enseñaron que amar significa ante todo libertad de ser uno y no convertirse en una especie de gemelos siameses tóxicos que no tienen identidad propia…pero cuando yo tenía 18 años, el muchacho que era mi novio no era en absoluto la persona correcta para mí. Fue frustrante muchas veces porque una parte de mí quería tener novio (nunca tuve uno en el colegio y fue como el factor novedad) mientras que la otra gritaba “¡Mae, sálgase de eso yaaaa, no va para ningún lado!”.

Al final obviamente no funcionó y luego me arrepentí de haberle dicho no a varias experiencias, o de estar temerosa de que mis acciones fueran un gatillo para las inseguridades de esta persona. Los aprendizajes fueron muchos, sin embargo a la Marce de 18 años le diría que espere un rato, que no se ofusque por tener novio, porque esa desesperación hace que uno se conforme con cualquier cosa y eso es lo peor que puede suceder.

3) Aproveche que está joven y váyase de intercambio a otro país

Estoy de acuerdo en que no hay edad para hacer ciertas cosas. Un intercambio al extranjero, por ejemplo, lo puede hacer una señora de 80 años siempre y cuando su salud y su espíritu de aventura se lo permitan. No obstante, es cierto que entre más viejo se hace uno, menos energía tiene y hay experiencias que de repente es más provechoso hacerlas cuando se está en lo más y mejor de la juventud.

Yo nunca me fui de intercambio porque 1)Estaba enfocadísima en sacar la carrera para empezar a trabajar y 2) Porque me daba pena pedirle el dinero a mi mamá para financiarlo, ya que yo no trabajaba en ese entonces. Para cuando hubo chance de irme, pasó una situación familiar que me hizo desistir de aplicar a becas o a otras oportunidades que me hubiera gustado aprovechar, entonces se fue quedando como un sueño inconcluso.

Ahora a mis 36 pues ya he viajado bastante por turismo, pero me queda la espinita de hacerlo como una verdadera experiencia de intercambio cultural. Quien quita, ¿a lo mejor después de los 40, para hacerla más interesante?

4) Pase más tiempo con su papá, él se va a ir pronto

Si ustedes siguen mi blog o mis cuentas de redes sociales desde hace tiempo, o si son mis amigos cercanos y me han oído hablar al respecto, la muerte de mi papá ha sido posiblemente el hecho que más me ha marcado en la vida. Para bien, por fortuna, aunque el precio haya sido una nostalgia permanente.

Cuando yo tenía 18 años era de esas mocosas que pensaba que el mundo era suyo y que iba a ser algo así como la super business woman, próxima Oprah Winfrey o algo así. No paraba a reflexionar mucho sobre otras cosas, porque para ese entonces lo que importaba era ser “exitosa”, tener una carrera, ser un modelo para otros, todo ese poco de patrañas que uno luego se da cuenta, no importan en absoluto. Ponerle atención a mi papá cuando quería conversar conmigo de algún tema que a él le interesase no era mi prioridad.

Muchas veces cuando él se acercó a hablarme, sobre todo ya estando en la universidad, yo le respondía con indiferencia como diciéndole “Sí papi, pero no ve que estoy ocupada”, aunque estuviera sólo haciendo que estudiaba. Él captaba y se devolvía por donde vino. Numerosas veces apliqué esta fórmula, hasta que en diciembre de 2002 se enfermó y dos meses después se lo llevó la puta. Yo no fui a verlo al hospital durante su última semana de vida, porque estaba ocupada con tareas de un curso de verano que estaba llevando.

La culpa por mi comportamiento me acompañó durante muchos años. Hoy todavía me duele un poco, aunque ya he entendido que no tengo por qué culparme. La vida es así. Lo que sí aprendí de todo ese episodio fue que no podemos dar por sentada la vida de la gente que amamos. A la Marce de 18 le diría que se deje de mierdas y que saque el tiempo para conversar con su papá de todo tipo de temas, para hacerle preguntas, para abrazarlo y besarlo en cada oportunidad. Hay días en que extraño mucho poder hablarle de algo en lo que talvez sólo él me habría comprendido. Así que ese sería mi consejo: la vida es corta e impredecible, ame a los suyos hoy, que mañana puede ser tarde.

5) Si no está contenta con algo, cambie el rumbo

…y deje de sentirse culpable por decepcionar a los demás.

A los 18 años no me imaginaba que iba a pasar por 800 crisis existenciales distintas, así que muchas de mis decisiones las tomé pensando que eran escogencias para toda la vida. Poquito después tuve la primera y aunque mi instinto me decía “Cambie de rumbo, por aquí no es”, las presiones de decepcionar a otros, del miedo a equivocarme, de seguir la fórmula confiable (en teoría), me hicieron continuar por la senda que traía, aunque no estuviera del todo convencida.

Me seguí aferrando a ciertos patrones de conducta, a ciertas maneras de hacer las cosas y a que mi vida tenía que funcionar de acuerdo a lo que yo había planeado con 18 años. Yeah right! Esta obsesión por controlar y por no evolucionar se convirtió en fuente constante de frustración hasta mis treintas, cuando poco a poco me fui dando permiso de dejar atrás todo aquello que ya no sumaba.

¿Qué no quiere ejercer su profesión, al menos no de manera tradicional? No lo haga, busque darle otro enfoque a todo lo que aprendió y aplíquelo en otras áreas. ¿Qué quiere estudiar algo distinto pero no quiere volver a la universidad? Hay muchos recursos ahora en línea y puede aprender prácticamente lo que sea. ¿Qué pensó que tenía X sueño y ahora que experimentó lo que era ya no le llama tanto, pero los demás esperan que usted lo cumpla? Deje de estar pendiente de lo que los otros piensen y haga lo que usted siente correcto. Equivocarse está bien y como decía el Dr Seuss “Those who matter won’t mind and those who mind don’t matter”.

Hagan el ejercicio ustedes y me cuentan en los comentarios o en las redes. Si pudieran hablar ahora mismo con su yo de 18 años, ¿qué le aconsejarían? Estoy segura que serían experiencias demasiado útiles, no sólo para su hipotético viajero del tiempo, sino para muchos de nosotros ahorita mismo en el presente. Los leo.

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